—¡Mierd@, Valeria! ¡No me digas que estás de su parte! —rezongó.
—¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre? —dijo Valeria levantándose y caminando hacia él—. Estoy de tu parte, siempre estoy de tu parte, por eso mismo estoy tratando de alejarla de ti.
Elliot arrugó el ceño y achicó los ojos sin comprende