—¡Kali! —volvió a gruñir y escuchó la voz de la muchacha alta y clara al otro lado.
—Pregunté qué quieres.
—¿Dónde estuviste todo el día?
El silencio fue realmente breve antes de que ella respondiera.
—Eso no es problema tuyo.
—¡Sí que no es! ¡No te puedes desaparecer así! —exclamó Elliot enoja