CAPÍTULO 87. Una bestia herida
Elliot caminaba dentro de aquella habitación como si fuera una fiera en una jaula demasiado pequeña, a punto de rugirle a los barrotes o en su caso, a las ventanas y a las puertas. Se sentía mezquino, pequeño y estúpido, porque nunca había entendido el grado de sufrimiento al que Kali pretendía escapar cuando se había metido en su cama hacía casi un año.
Pero todo aquello estaba a punto de verlo en vivo y en directo, magnificado por la cámara del periodista, que llegó justo a tiempo para alcan