Mundo ficciónIniciar sesiónÉl parecía una estatua. Allí, en la oscuridad del salón, casi a las tres de la madrugada, a Kali le pareció que era una estatua muy bonita.
Elliot cerró la puerta con un gesto de desconcierto. Abrió la mano, y de uno de sus dedos quedó colgando el pequeño triángulo de encaje negro.
—¿Kali…? —su voz vibraba profundamente, como si tuviera una cueva en la garganta—. K







