Mundo ficciónIniciar sesiónNo había ni uno. No quedaba ni un solo velo con el que Kali pudiera salir de la casa.
—¡Elliot! ¿Dónde están mis velos? —preguntó con desesperación mientras le mostraba el cajón vacío.
—A esta hora ya deben estar en el camión de la basura, porque los saqué bastante temprano —respondió él y la muchacha abrió los ojos llenos de sorpresa.
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