Las embestidas de Evans salvajes y certeras, una tras de otra, bombeaba dentro y fuera con rapidez, la excitación que tenía al estar con Nathalie era inmensa, le gustaba sentirla en todo el sentido de la palabra. Él sabía que tenía que ser rápido, que pronto tenían que irse, pero no pudo evitar querer sentirla, estar dentro de ella, por lo que debía hacer que se viniera para hacerlo él también.
—¡Dios! — dijo Nathalie en medio de jadeos.
—No es Dios cariño, soy yo, siente como me pones, solo t