Me quito ese pensamiento de la cabeza y aparto la silla del escritorio antes de caminar hacia la puerta abierta de la oficina de William. Al tocarla con un nudillo para avisarle, se gira en su asiento para mirarme.
Me mira fijamente. —Sí, Annerys—. Se dirige a mí bruscamente, y la confusión le hace formarse un bulto entre las cejas.
No lo entiendo. Un minuto es amable y al siguiente es... bueno... William Hart. Un volcán gruñón a punto de explotar.
Entro con confianza en su oficina. —Me han inv