Sé que sus cambios de humor no son un ataque personal contra mí. Es como si algo lo invadiera cuando cruza las puertas de este edificio, porque la noche que dormimos juntos vi su otra cara.
Él era amable.
Considerado.
Tierno, incluso.
Lo cual me resulta desconcertante.
Todavía quiero clavarle atizadores de fuego en los ojos mientras los cuido hasta que sanen para que pueda volver a verme. A mi verdadero yo.
El que vio atisbos en su apartamento.
Mi mente regresa con frecuencia a nuestra noche ju