Mis secretarias anteriores nunca me habían sugerido eso. «Tomo el café solo, sin azúcar». Apoyo mi frente en la suya y le abrazo la cara con las manos, algo que no debería hacer.
—Tomado nota.— Sus pestañas revolotean contra mi mejilla y me imagino que es como se sentirían las alas de una mariposa en mi piel: suaves y delicadas.
—Sólo atiendo llamadas entre las diez y las once en los días que no estoy en el tribunal—.
—Bueno.—
—Sea cual sea el salario de auxiliar de archivo que te ofrecimos, lo