—¡Guau! Tu coche y tú hacen juego. Le di un codazo al oso furioso. —Me tapo la boca para ocultar la risa que ahora intenta escapar desesperadamente de mi pecho. Pero todo lo que dijo es verdad, todo. Estoy de acuerdo. Pero por un momento se puso gruñón.
—Diablos, ¿sabes de qué me acabo de dar cuenta?— dice con cara seria.
—¿Qué es eso?—
Me he convertido en mi padre. Es oficial.
No lo puedo contener más y me echo a reír a carcajadas.
Se inclina sobre mí y alcanza la manija de la puerta. —Deja de