—Stella, ¿No quieres contarme lo que pasó allá?
Stella seca las lágrimas que lograron escaparse de sus ojos y sorbe por la nariz antes de poder responder sin que su voz se quiebre.
—No es necesario.
—Amiga, te ves triste. Me preocupas.
—¿triste yo? ¡Nada que ver!
—Stella, siempre es necesario desahogarse, de lo contrario, puedes enfermar.
—¡Qué va! No me voy a enfermar por algo como lo que acaba de pasar. Además, en este momento lo menos que necesito son oídos que me escuchen. Lo único que realm