ella es.
—¿Te sientes bien? —susurro Gabriella mientras entrega una botella de coñac a uno de los meseros del VIP.
—E-Eh... Si si. Estoy bien —respondió Dante intentando esconder la emoción que revoloteaba en la boca de su estómago como pequeñas e inquietas mariposas.
—ahhh... ¿Y la cara de tonto a qué se debe?
—Porqué mejor no te pones a trabajar en lugar de estar molestandome.
— Es que ya me quiero ir.
—Dile a Theo.
—mmmm... Mejor no.
Dante rie antes de agarrar un vaso para llenarlo de cerveza.
—¿De