PARTE II. CAPÍTULO 32
La castaña vio al hombre dejar el auto y rodearlo para abrirle la puerta. Lo había notado ya, pero seguía pareciéndole un poco exagerado que él le abriera y cerrara puertas para que ella pasara, entrara o saliera, pero también le gustaba un poco, quizá por eso sonrió.
Marisa dejó el auto, entonces tomó la pañalera del niño y se la colgó en el hombro mientras el padre de su bebé lo tomaba de la parte trasera del auto, en donde estaba ese asiento de bebé que, desde la primera vez que ella viajó e