Elizabeth
La puerta se cerró con un golpe seco detrás de Nick, dejando un silencio frío en la sala de interrogatorios. No podía moverme, ni siquiera podía respirar. Las palabras de Nick resonaban en mi mente, una y otra vez, como un eco que no se desvanecía: "Me mentiste, Elizabeth. Me mentiste todo este tiempo".
Me desplomé en la silla, sintiendo como si todo el peso del mundo se hubiera acumulado sobre mis hombros. Las lágrimas seguían fluyendo, pero no tenía fuerzas para detenerlas. El Diablo