NICK.
El amanecer de Navidad en las montañas era todo lo que había soñado y más. La cabaña estaba rodeada por un paisaje blanco inmaculado, la nieve cubría cada rincón, y los árboles brillaban con una suave luz dorada cuando el sol comenzó a asomarse en el horizonte. Estaba en la cocina, preparando café, cuando escuché el sonido de pasos ligeros corriendo por el pasillo. Era Ela, despierta más temprano de lo habitual, pero su energía era contagiosa.
—¡Es Navidad! ¡Es Navidad! —gritaba, sus peque