Era una mañana cálida, como solo las mañanas en la hermosa isla podían ser. El sol, la playa el olor a salitre, el vaivén de las olas y las palmeras.
Naiara despierta entre sábanas que aún olían a lavanda, a esa mezcla de paz y agotamiento que solo se siente cuando te entregas a un descanso profundo, sin preocupaciones.
—Ummm...que hora será —murmura entre dientes sin abrir los ojos.
El sol entraba con fuerza por la ventana, cada vez que el viento mueve las cortinas, inundando el cuarto con una