Anatema

Talía y yo corrimos en la dirección que Máscara había señalado, estábamos yendo directamente hacia las explosiones que escuché mientras corríamos de la horda.

                        

No podía apreciar el paisaje más allá del negro de la noche, el gris de las nubes tormentosas y el color naranja rojizo de las llamas descontroladas que ardían con fervor detrás de mi.

Frente a nosotros no había más que destellos de luz fugaz, seguidos de el retumbar de fuertes explosiones, lluvia incesante que empaña mi visión y cientos de lamentos que Iban y venían de todas direcciones, mientras que intentaba llegar a mi destino no pude evitar preguntarme a mí mismo, «¿Será así cómo se siente estar en el infierno?»

El hedor de la carne pútrida y quemada invadía mi nariz con violencia, mientras mantenía el resto de mi sentidos en alerta para evitar que me mataran.

— Vendas, aquí el novato, nos dirigimos hacia tu dirección desde el oeste—llamé desde el comunicador.

—Negativo, retírense hacia otra posición todo este lugar ahora es un campo de minas, solo estorbarán aquí.

Volteé a ver a Talía mientras le daba una mirada suplicante. Sinceramente quería largarme de este lugar lo más rápido posible.

—No podemos ir ni a la izquierda ni a la derecha, tampoco podemos regresar así que forzosamente tenemos que avanzar en dirección al pueblo—Talía me explicó.

Un gemido murió en mi garganta al escuchar aquella declaración, estaba seguro que en esa dirección sólo nos esperaba la muerte, pero era lo mismo en todas las direcciones.

Me resigné a mi destino mientras veía a la mujer, de la que me había enamorado, las luces de aquellas llamas furiosas en el bosque resaltaban su silueta, se veía cansada, había tierra en su rostro y un poco de sangre manchaba sus prendas.

Talía se volteó a verme, no había miedo en sus ojos, al contrario, ardían con tanta determinación que casi parecían brillar.

Me pregunté a mi mismo si algún día llegaría a ser tan valiente como ella o si en cambio moriría esta noche aquí como un cobarde que jugaba a ser un héroe.

Bajé la mirada al suelo mientras contemplaba mis pensamientos, pero sabía que únicamente nos estaba haciendo perder el tiempo.

Tomé una bocanada del aire húmedo por la lluvia que caía y comencé a caminar hacia el pueblo, sintiéndome una vez más en la infinita oscuridad que parecía plagar los bosques de este lugar.

Nos movimos en silencio bajo el manto negro de una noche tormentos,a con nuestra única luz siendo el destello efímero de las armas al disparar mientras nos abríamos paso entre grupos pequeños de lo que alguna vez fueron personas.

Mientras que más avanzamos atrás quedó el olor a carne quemada y putrefacción, sólo para ser reemplazado con el inconfundible aroma a sangre que impregnaba el lugar de tal manera que no solo se adueñó de mi nariz, sino también mi boca inundando mi paladar con el sabor amargo del hierro.

Sentía que me resbalaba, comencé a caminar con precaución cuando el camino se había vuelto repentinamente resbaladizo, como un charco delgado de lodo, pisar se sentía como si hubiera hundido mi pie en una gruesa alfombra que había sido empapada con agua.

Mi estómago se revolvió y la bilis subió por mi garganta cuando un rayo estalló en el cielo e iluminó mi visión un poco, no era lodo, era una profunda alfombra de carne, sangre en coagulación, restos de órganos y quién sabe qué otras cosas más.

Talía vigiló nuestros alrededores mientras que yo vaciaba mi estómago sobre la corteza de un árbol.

Estaba cansado, asustado, tenía muchas ganas de abandonar este lugar de pesadilla, las lágrimas amenazaban con escapar de mis ojos.

Una mano se posó sobre mi hombro causando que me girara asustado y listo para atacar, era la mano de Talía.

—Tranquilo—comenzó—sé que esto no es bonito, sé que estás asustado y que en este instante no quieres hacer nada más que acurrucarte en un rincón y llorar—sus palabras eran suaves como la seda y entretejidas con un suave tono de arrepentimiento y otro de viejo dolor—sé por lo que estás pasando porque yo también lo sentí, pero te aseguro Dani que no te hubiera traído aquí si no estuviera segura que estás listo.

La palma de su mano acunaba mi rostro mientras lágrimas salían de mis ojos.

Ella me sonrió y yo no pude hacer más que asentir y someterme a su sonrisa.

Continuamos avanzando hasta que a lo lejos pude distinguir las formas de lo que parecían ser edificios.

Nos acercamos cuidadosamente para evitar llamar mucho la atención, debíamos buscar una posición defendible de preferencia alguna casa.

La arquitectura era diferente a la ciudad de las hadas, pero se podía ver la influencia cultural en ella, mantenía aquella simbiosis con el bosque que todos los pueblos dentro del mar verde de árboles en esta tierra, el pueblo era significativamente más pequeño, no era aquella gigantesca fortaleza en las alturas, ni la megalópolis a la que una persona con dinero iría a hacer turismo, sus casas estaban enterrada en la tierra con únicamente sus techos y una que otra ventana sobresaliendo del suelo.

Cuando nos acercamos lo suficiente al pueblo mis ojos se abrieron de golpe, al ver lo que había frente a mi.

Tres personas colgadas de sus brazos, estaban abiertas al medio como si fueran pescados, sus tripas caían al suelo mientras alimentaban a esos monstruos, uno de ellos aún gritaba en agonía por la tortura a la que estaba siendo sometido, las otras dos personas parecían haber muerto, a juzgar por los aullidos de su compañero quizá sea lo mejor que pudo sucederles.

Había tres personas y éramos cuatro equipos de cuatro integrantes, eso significa que si tenemos suerte podemos toparnos con el sobreviviente y hacer que nos ayude.

Hubo temblores rítmicos en el lugar, parecían la enfermiza y cínica parodia de unos latidos, casi como si fuera la ciudad misma burlándose de todas los cadáveres andantes cuyos corazones se habían detenido.

Talía y yo habíamos sacado los cuchillos de plata, no era conveniente disparar en medio de una ciudad llena de zombies dispuestos a devorarnos.

Nos infiltramos entre la cobertura de los árboles, no hubo alborotos, no hicimos ruido al sacar del juego esos monstruos.

Talía me tomó por el cuello de la camisa y me arrastró hasta el interior de una casa.

El miedo asaltó mi cuerpo y se apoderó de mi ser como una enfermedad, devoró la poca valentía que había reunido con sus frías fauces e inyectó mi ser con el veneno de la desesperación.

Era una criatura enorme, monstruosamente grande, sus pasos eran la causa de que la tierra temblará, tenía varias bocas en su cabeza todas ellas llenas de dientes del tamaño dedos, se movió como un gorila, con brazos y piernas cada uno tan grueso como el imponente tronco de un árbol y en su espalda se movían cientos de apéndices como tentáculos siniestros cada uno con muchas ansias de envolver y triturar cualquier ser vivo que encontraran.

Era una bestia hecha de carne, carne de personas, niños, mujeres, adultos y ancianos e iba dejando un sendero de sangre por dónde pasaba...y entonces rugió.

La atmósfera opresiva que emanaba de ese ser fue suficiente como para que empezará a hiperventilar, presa del pánico y de no ser por la mano de Talía en mi boca, estoy seguro de que hubiera gritado solo por el terror puro que invadía mi sistema.

Cuando la bestia de carne se alejó de nuestra posición sentí mis piernas dejar de responder para caer de rodillas al piso.

Talía me observó por un instante antes de moverse hacia una de las habitaciones.

El ruido del tejido siendo cortado y el golpe seco que se escuchó unos segundos después hizo que me parara de golpe para ir a ver qué sucedía.

Talía había encontrado al último miembro del equipo de personas colgadas.

Yacía muerto en el piso sin un brazo, su cara había sido masticada tanto que  podían verse los fragmentos astillados, de lo que alguna vez fue un cráneo, los órganos estaban esparcidos por toda el piso y su sangre ahora  se encontraba decorando las paredes de la habitación con su intenso color carmesí.

—Que asco—la oración había salido con un frío del que estoy seguro podría haber congelado la habitación.

Aquellas indiferentes palabras hicieron que tanto Talía como yo volteásemos para ver quién era.

Ahí frente a nosotros se encontraba Máscara, imperturbable, sin una sola mancha de suciedad que alterara la pureza del negro y dorado en la levita que llevaba como abrigo, era como si nunca se hubiera movido en absoluto.

— ¿Viste esa cosa de hace un rato? —preguntó Talía.

—Si, es una quimera, un golem de carne para ser más precisos, está hecho con la carne de cientos de cuerpos humanos, el alma de una docena de niños y creo que los pelos de una rana calva—comento con un tono de voz más apto para una charla de negocios que para alguien en el centro de una masacre a gran escala—suelen devorar las cosas que matan para incrementar su masa y recobrar energía, en las guerras incluso les montan cañones.

— ¿Qué haremos? —pregunté alterado.

—Había diez taumaturgos movilizando a la horda, ninguno de ellos perteneciente a una casa alquímica de exterminadores, saqué a seis de ellos mientras Vendas sacaba a otros tres, eso solo deja una persona para controlar a la horda y al mismo tiempo crear algo tan complicado como un golem de carne.

—Debe ser el encargado de esto—exclamó Talía.

—Sí, no hay muchas personas dentro del imperio capaces de controlar una infestación de este tamaño y definitivamente todas las personas que conocen el método para hacer un golem de carne se encuentran en un solo lugar.

— ¿Dónde? —le pregunté a Máscara.

—El método para la creación de un golem de carne es un secreto muy bien guardado dentro de la casa de exterminadores alquimistas "Cimí".

"Casas de exterminadores alquimistas" la pesadilla de cualquier alquimista que violara la ley, eran veinte familias tan antiguas como el imperio mismo, con todos sus miembros entrenados para matar y quizás, cientos de años de investigación y especialización en el uso de la alquimia como arma. Esas familias se encargaban de mantener el orden dentro de sus propios territorios en el imperio enfrentándose tanto a alquimistas criminales como a bestias mágicas y si la guerra amenazaba el imperio también eran la carta a usar para erradicar a las tropas enemigas.

— ¿Entonces? —cuestionó Talía.

—Las órdenes de la coalición de casas del sur son que tomemos la ciudad, así que eso nos impide volarla al infierno con el Cimí y su golem dentro—dijo Máscara—pero tenemos margen para unos cuantos destrozos, me encargaré del golem  mientras que ustedes y Vendas van tras el Cimí.

No iba a discutir con Máscara para enfrentarme a esa cosa así que solo asentí.

Máscara simplemente se desvaneció frente a mis ojos antes de que Talía me arrastrara de regreso a la salida.

Tan pronto como salimos un inmenso relámpago estalló desde el cielo y atravesó el espacio hacia la tierra, el doloroso rugido que se elevó al cielo nos indico que al parecer había impactado al golem.

Una fuerte explosión fue seguida por una inmensa pantalla de humo blanco apareció violentamente en el centro de la ciudad.

—Aléjense del humo a toda costa—ladró Máscara a través del comunicador—acabo de convertir toda la materia alrededor del centro en fósforo blanco, cualquier cosa que entre aquí será reducida a un esqueleto.

—Encontré al taumaturgo—exclamó Vendas un momento después por la radio—se dirige hacia el novato y su novia, sigan a los pájaros y lo encontrarán.

Un  ejército de lo que parecían ser cuervos manchados de sangre inundó el cielo volando en una sola dirección.

Corrimos tras ellos mientras reforzamos nuestros fatigados músculos con magia.

Otro rayo estalló en el cielo y sobre el gigante golem, mientras que decenas de aves se sacrificaban para abrirnos paso entre las oleadas de muertos en las calles.

Finalmente el hombre entró en lo que parecía un templo hecho de piedra, justo a las afueras de la ciudad.

Tuvimos que evitar una lluvia de balas mientras intentábamos entrar, solo para que una vez dentro Talía fuera regresada dos pasos hacia atrás por la fuerza de un puñetazo sobre su rostro.

Me arrojé sobre el hombre comenzando un forcejeo que resultó con una bala perforando mi pierna, mi cabeza zumbaba por la mezcla del dolor y el graznido de los cientos que daban vueltas alrededor del templo mientras evitaban la entrada de los muertos al lugar.

El maldito estaba listo para ejecutarme, pero Talía logró hacer que perdiera la pistola cuando golpeó su mano con un palo que había tomado del suelo.

El bastardo se lanzó sobre ella y comenzó a brutalizarla en el suelo, tomó un cuchillo, pero lo detuve de enterrarlo en ella mientras lo sostenía de la mano y clavé mis uñas en su rostro, haciendo un esfuerzo extra logré lanzarlo hacia atrás y cuando se volvió a poner de pie su cabeza explotó en un millón de pedazos.

—Alguien debería darme un maldito premio por ese disparo—declaró la voz de Máscara por el comunicador.

—La horda perdió su mente maestra, ahora debería ser fácil conducirlos a algún lugar fuera del pueblo para convertirlos en cenizas—agregó Vendas.

Un fuerte ruido atrajo a lo que quedaba de zombies fuera de la ciudad mientras los pájaros nos mantenían a salvo de los muertos, «¿De dónde salieron tantos malditos pájaros?» pensé, bueno me imagino que no es tan difícil encontrar aves de carroña en medio de un campo de muertos.

Máscara volvió a aparecer sin aviso frente a nosotros y simplemente dejó caer un botiquín médico frente a nosotros. mientras que a lo lejos podía ver la luz de la hoguera en el bosque.

Vendas estaba haciendo un barrido del lugar con los ojos de las aves para comprobar si algún muerto había escapado, comprobó que todos habían sido incinerados, pero también confirmó que de las dieciséis personas que habían incursionado en el bosque para arreglar este desastre solo quedamos nosotros cuatro.

Lloré, lloré de felicidad por seguir con vida, me alegré de que Talía y yo habíamos sobrevivido para ver un día más y  finalmente me desplome en el suelo, agotado, pero feliz.

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