El aire se vuelve densa, Helen sabe que estaba jugando con fuego, pero de algo debía de iniciar, ella ya no era aquella joven dulce, ahora era madre una madre que fue herida, puesto que le dolía en el alma no haber estado consciente en el nacimiento de sus bebés, su larga cabellera negro azabache se remueve con la brisa que azota, mientras que la mente de Maximus se agitaba como un torbellino. Había aprendido a sobrevivir en la oscuridad, a interpretar las voces, los movimientos, los silencios.