C93-¿PUEDO CARGARLO?
Los llantos de sus hijos lo atravesaban como dagas dulces e insoportables. Gideon ya no podía quedarse quieto. Con una fuerza que ningún humano hubiera podido detener, empujó la puerta y entró, chocando con Lia en el pasillo.
La enfermera lo miró de arriba abajo, fría, alzando una ceja.
—Señor…
—Draven —gruñó él, sus ojos brillando con tonos dorados—. Gideon Draven.
Lia hizo una mueca, cruzándose de brazos.
—Bien, señor Gideon Draven, quiero decirle que…
—¿Ya puedo entrar a