Capítulo 63. Una vil sentencia.
Gerardo y Nardo al darse cuenta de la presencia de Julián se pusieron de pie, sorprendidos de que pudiera llegar allí burlando la seguridad del internado y que la secretaria no les hubiera avisado.
Enseguida detrás de Julián, entró la secretaria con una expresión de preocupación.
—Lo siento, señor Ramírez, él ni siquiera se anunció, pasó como perro por su casa —pronunció en un tono de angustia la mujer.
—No se preocupe, señorita, a mí nadie me detiene ¿Acaso no sabe quién soy yo? —le dijo con