Catherine se quedó boquiabierta por un momento, asimilando la gravedad de la solicitud. La idea de tener un arma en sus manos era aterradora, pero también sabía que estaban en una situación extrema. Sin dudarlo, se dirigió al sofá donde reposaba la cartera de Alice y la abrió con manos temblorosas.
—¿Estás segura de esto? —Preguntó, con la voz entrecortada.
—No tengo otra opción... —Respondió Alice en susurros, con su mirada fija en la puerta, donde Damián seguía insistiendo. —No dejaré que nos