Cuando llegó a la mansión Monroe, lo que encontró fue desolador. Las llamas danzaban entre los escombros y gritos llenaban el aire. Policías y bomberos trabajaban frenéticamente, tratando de controlar el desastre. Alice sintió que sus piernas flaqueaban al ver cómo la mansión se convertía en cenizas.
Se acercó a un oficial, tratando de mantener la calma mientras le preguntaba información.
—Disculpe, oficial. Yo vivo aquí… ¿Encontraron algún herido? —Farfulló desesperada, con la voz quebrada.
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