Dalton sintió un escalofrío recorrerle la espalda. El anciano parecía decidido y para nada confiable, pero sabía que no podía dejar que eso lo intimidara.
—No tengo nada que hablar contigo —respondió Dalton con firmeza, manteniendo su mirada fija en él.
Aunque Dalton no lo conociera de nada, si había oído hablar de él y con lo que le había contado Alice, no podía confiar en él bajo ninguna circunstancia.
—No seas ingenuo —replicó el padre biológico de Alice, acercándose un paso más—. Alice está