El líder de los mercenarios caminaba hacia la celda de Dalton, con su rumbo fijo, mientras que el sonido de sus botas resonaba en el pasillo de piedra, mezclándose con el eco de los gritos lejanos de otros prisioneros que habían sido capturados por órdenes de Alfa, siendo los vivos ejemplos de los crímenes cometidos por el líder de la agencia. Dalton, con el rostro demacrado y la mirada perdida, apenas levantó la cabeza cuando se abrió la puerta de su celda. El líder de los mercenarios se adent