Las sirenas resonaban en el aire nocturno mientras las ambulancias se dirigían a toda velocidad hacia el Hospital General de Los Ángeles. La noche era oscura y fría, y el caos de los últimos eventos aún resonaba en la mente de todos. Dalton yacía en la camilla, con una mascarilla de oxígeno cubriendo su rostro, mientras Alice, también con una mascarilla, sostenía su mano, intentando darle fuerzas.
—Aguanta, mi amor. Estás en buenas manos. Vamos a llegar al hospital muy pronto. —Murmuró Alice, c