Lo mire detenidamente ya que el asombro me lo habían robado los otros alfas, los cuales no creían en lo que sus oídos acaban de escuchar. Se merecía una bofetada por patán. Más me contuve.
Los pedazos de mi corazón que él mismo había reparado con sus caricias, ahora los acaba de hacer trizas con sus propias manos.
—Si así es como van hacer las cosas Isaac… entonces tu recoge las porquerías del suelo.
Me volteo para esfumarme de ese lugar, ha quebrantado lo poco que quedaba en mi.
—Pero es un