Las pulsaciones de mi cuerpo aumentaban, cada vez que me alejaba más y más de la Reserva, me sentía indefensa pero no permitiría que él me sacará de la manada.
—¿Qué haces Alana?... Cierra la maldita puerta. _su grito retumba dentro de mí pecho dando un gran susto, pero aún así intento lanzarme, pero él me agarra.
—¡Pará el auto!... ¡Que pares el auto! _le exijo
Me sostengo con fuerza al escuchar las llantas rechinar por la forma brusca que orilló el auto, rápidamente aprovecho y salgo de ah