Al día siguiente, Isaac ya estaba con su rutina cotideana, me pidió que lo acompañara a las reuniones más importantes donde estaban todos.
Ya no estaba tan risueño conmigo, pero no dejaba de cuidarme… cada vez que sostenía mi mano, era una sensación de alivio y alegría. desviaba mi mirada en ocasiones para que no se percatara que aquello me gustaba.
—Señor, ya tenemos todo listo para el banquete… solo falta la decoración. _Beyota empieza a mostrarle unos papeles y me vino una gran idea ya que