Capítulo 60: Una salvación.
Las paredes de piedra rezumaban humedad, y el aire frío de la mazmorra envolvía a Izan como una promesa de muerte. Encerrado en la sombra, con la única compañía del goteo monótono del agua, sentía cómo el tiempo se le escapaba entre los dedos mientras anhelaba desesperadamente la calidez de una familia, de esa que perdió por haber sido ambicioso, insensible, por dejarse seducir por una mujer malvada.
—Te han traído esto —gruñó el custodio, deslizando un plato con comida insípida a través de las