Momo corrió a mi y me abrió los brazos para que la cargará, así que eso hice. Claudine me miraba mientras yo me acercaba a ella con nuestra hija en brazos.
Ella me la arrebato y me puso mala cara de inmediato.
— ¿Que te he dicho de no acercarte a los desconocidos? — Le pregunto Claudine con enojo.
— ¡Pero si tú lo conoces! — se quejo la pequeña.
Yo sonreí, ella era exactamente igual a su madre, tenían los mismo gestos, la misma espontaneidad para hablar, eran como dos gotas de agua.
— ¡Pero tu