Cuando abrí los ojos esa mañana y le vi allí, junto a mí, mirándome, el mundo se detuvo. Quise retener en mi mente hasta el más mínimo detalle de su apuesto rostro, era perfecto, y era mío.
Buenos días – me saludó, sin levantarse ni un poco, a lo que sólo pude ensanchar la sonrisa - ¿estás preparada para nuestra escapada?