C63-MÁTALO
En la enfermería, Lucelia corría de un lado a otro. Había lobos heridos por todas partes, algunos en camillas, otros en el suelo. Los que podían moverse intentaban ponerse en pie, los que no, gemían.
—¡Ayudame! —gritó a unas sanadoras asustadas—. ¡Tenemos que esconderlos!
Dos lobas agarraron a un lobo herido y empezaron a arrastrarlo hacia el almacén. Lucelia cogió a otro, un cachorro con una herida en la pata, y lo metió debajo de una cama.
—No te muevas —susurró—. Pase lo que pase,