Mundo ficciónIniciar sesiónEl día que nació Eriss amaneció con una claridad imposible de ignorar. La primavera había madurado lo justo para pintar el aire de luz y perfume: las buganvillas del muro estaban abiertas, el césped húmedo todavía respiraba rocío y, en el cielo, el sol se abría paso con la delicadeza de quien no quiere despertar a nadie.
El coche cruzó la reja despacio, sin prisa alguna. Thé







