Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa tarde había caído lentamente sobre Milán, tiñendo de ámbar los ventanales de la oficina de presidencia en Oshōri cion la tipiza luz de mediados de otoño. Seiya se frotó los ojos; llevaba demasiadas horas revisando informes, contratos, y líneas de diseño que empezaban a mezclarse entre sí.
Sentía el cuerpo pesado, como si la fatiga se le hubiera anclado a los hombros. Un







