Capítulo 15. Nuestro primer hijo.
El verano avanzaba sin piedad sobre Milán. la luz cálida de la tarde atravesaba los ventanales del edificio de Oshōri, dándole a la oficina de presidencia ese toque dorado que le daba un aspecto mas cogedor al habitual. Seiya estaba allí, recostado sobre su silla giratoria, con la mente perdida en sus pensamientos y con las hojas de los balances trimestrales esparcidos en el escritorio.
Seiya llevaba días dándole vueltas a una idea que nadie más se tomaría en serio. En su cabecita loca, él y El