Miguel se dispone a llevar a James a la mansión, luego de aquel almuerzo un poco incómodo para él. Saber que Ana Isabel pudo verlo le genera un nivel excesivo de ansiedad.
—Mejor, no me lleves a casa, Miguel. Vamos a un bar. —Miguel lo mira con asombro.— Necesito despejar la mente, pero eso sí, sin sexo. Creo que merezco un descanso después de esa tanda con María Perlucci, vaya que es una mujer bastante ardiente. —el pelirrubio lo escucha en silencio, no quiere opinar al respecto y provocar el