Llegaron a casa de Mónic y la cara pícara de Gliz los sorprendió, pero decidieron ignorarla para evitar el bochorno.
A quien no pudieron ignorar fue a Chelsea, que se encontraba en la sala.
—Buenas tardes —saludó Logan amablemente.
—Buenas tardes —respondió ella, sin despegar la vista del periódico, justo en la sección de empleos.
Ya había buscado en línea, recorrido calles y nada. Ahora recurría al método más antiguo, pero ningún anuncio era lo que buscaba.
—¿Qué haces? —preguntó Mónic, acercá