Estoy sin palabras, sin embargo, decido hablar para resolver algunas dudas.
—¿Eres el gato? ¿Te convertiste en humano? —digo alterado.
—Shh o te oirán y me matarán —me sisea y me siento mal porque tiene razón.
—Lo siento… por cierto, no hay de que, si te volvían a ver, seguramente Atlas no te perdonaría esta vez, ¿Por qué regresaste?
—A darte las gracias —me sonríe.
—¿Por qué?
—Porque tu guardaespaldas casi me mata.
—¿Cómo sabes que es mi guardaespaldas? —desconfío de él.
—Porque los he visto a