El auto frenó con brusquedad frente al edificio.
Xander bajó sin esperar.
Cruzó la entrada con paso firme, sin detenerse, sin escuchar a nadie.
—Señor, no puede—
La voz del recepcionista quedó atrás.
La puerta de la oficina se abrió de golpe.
Yannis alzó la vista desde su escritorio.
No hubo sorpresa en su expresión.
Como si, en el fondo, hubiera sabido que esto iba a pasar.
—Llegaste tarde —dijo con calma.
Xander cerró la puerta tras de sí con un golpe seco.
—¿Dónde está?, pregunto