Xander terminaba de ducharse. No había dormido en casi toda la noche.
Bajó al comedor y se sentó a desayunar.
—Buenos días, señor Christodoulou —exclamó Aida.
—Aida, a partir del próximo hoy prescindirémos de su servicio. No se preocupe, será recompensada por su trabajo y tomaré en cuenta su antigüedad —exclamó él.
—Como ordene, señor Christodoulou.
La otra empleada siguió sirviendo el desayuno.
—¿Cómo amaneció la señora? —preguntó él.
—Está desayunando en la biblioteca —respondió Aida.
—Puede