Xander iba de regreso al aeropuerto. Estaba realmente molesto. Mientras bajó del coche llamó a Acheron Letsos, su amigo.
—¿Dónde estás?, necesito un favor —exclamó Xander sin rodeos.
—En mi casa, en Atenas —respondió Acheron.
—Te veré en dos horas —respondió Xander y cortó la llamada.
Abordó el avión y mientras bebía un trago decidía cuáles serían sus próximos pasos.
Mientras tanto, en Italia la música suave de cuerdas llenaba el salón principal de la mansión. Las lámparas de cristal refle