Elena se dirigía a la casa de sus padres; lo cierto era que no lograba entender el cambio de actitud de su padre.
Elena descendió del coche e ingresó a la casa, como siempre seguida de cerca por Rafael.
Una vez más, Georgios observó de cerca el comportamiento de Rafael.
Al igual que la vez anterior, Rafael se instaló en la cocina, pero siempre al pendiente de lo que hacía ella.
Georgios fue a la cocina.
—Rosse, dele de comer y beber al empleado de mi hija.
—No es necesario, señor Papadaki