187. Secuestro
El corazón se me detiene al instante y un escalofrío que me recorre el cuerpo entero me enfría sangre, puedo escuchar los latidos de mi corazón en los oídos y el sonido de mi propia respiración, incluso puedo percibir el aroma a metal del arma que se encunará a escasos centímetros de mi rostro, el cañón está apuntando directo a mi frente.
— ¿¡Pero qué mierda?!.- Kurt grita y pretende lanzarse contra el hombre frente a nosotros hasta que otra voz lo detiene de golpe.
— Yo que tú no haría eso.-