154. Recaída
Kurt.
No escucho nada, no nos dicen nada, Colier y yo caminamos de un lado a otro en el pasillo, Nala está muy afectada mirando el suelo; es una suerte que el doctor estuviera llegando a casa justo en el momento adecuado, le tuvo que suministrar un sedante y nos corrió de la sala improvisada de hospital, escuchar su corazón en ese aparato hizo que se detuviera el mío de horror, ni siquiera en mi estado más agitado había experimentado ese palpitar tan frenético, la puerta de la habitación se ab