113. Después de la tormenta
Los primeros rayos del sol se cuelan a través de las blancas, casi transparentes cortinas, abro los ojos poco a poco deshaciéndome de los rastros de sueño que aún quedan en mí, siento cierta calidez en mi mejilla, mi cabeza sube y baja a un ritmo lento y suave. Es el pecho de Rexon, tengo mi mano sobre sus fuertes abdominales, mi mirada se va directo al bello anillo de compromiso que adorna mi dedo, no puedo evitar sonreír al recordar el momento de anoche; una lástima que no pude convencer a Re