Rosalía se detuvo por un momento y, luego continuó diciendo: —También vi ese rostro, el rostro de un hermoso bebé, parecía malévolo y muy pálido, pero está bien, ya no tengo miedo.
Esa escena ciertamente resultó muy espeluznante. Sin embargo, al revisar sus experiencias anteriores, gradualmente encontró consuelo.
Estrella le dio una palmadita suave en el hombro a Rosalía y dijo: —Abuela, en serio, ya no tienes nada que temer. No importa lo que suceda, estaremos siempre a tu lado.
—Lo sé, tene