A Iván se le habían agotado todas las fuerzas. Se desplomó en el sofá con la cara azul y blanca. Aprovechando la ausencia de Estrella, se quejó con Claus.
—Tu mujer es muy deshonesta. Se ha pasado de la raya. ¡De ninguna manera puedes consentirla así!
—Nuestra señorita resultó ser un enemigo formidable. Fuiste tú quien desconfió de ella y ahora has recibido tu merecido —Javier se rio sin otorgarle ninguna dignidad.
Se alegró de no haber ofendido a Estrella y de haberla tratado siempre con gran