El día siguiente, Rosalía se despertó.
Sus pupilas ya no eran tan caóticas y lentas, estaban claras como antes.
—Mamá, ¿te has despertado? ¿Cómo te sientes? —Yune no pudo evitar contener la respiración y miró a Rosalía con mucha atención.
Rosalía oyó su voz, giró la cabeza y le dirigió una mirada:
—Estoy bien.
Ahora ya podía comunicarse con otras personas normalmente. Yune estaba tan emocionado que no sabía qué hacer con las manos y los pies. De repente, le preguntó a Rosalía tentativamente:
—En