Paula y Estrella acertaron.
Estrella definitivamente no se quedaría de brazos cruzados.
De hecho, pronto emprendería las medidas necesarias para hacerle frente a esta situación.
De repente, invitó a Estrella a su casa, insistiendo en llevarla a cenar.
Paula sonrió y dijo: —Estrella, la última vez que te invitó, dijiste que estabas ocupada. Pero esta vez te vi jugando, lo cual significa que tienes tiempo.
Su insinuación era clara: esta vez Estrella no tenía razones para rechazar.
Paula ya h