Nathan
Un nuevo año había iniciado. Atrás habían quedado los días libres y el descanso. Era Nathan Müller, el heredero de una de las empresas más prestigiosas e importantes de Italia, además de tener mi propia empresa de arquitectura con grandes proyectos en marcha. «El soltero más cotizado de Milán», titulaban las revistas sensacionalistas. Recibía al menos diez llamadas al mes pidiendo entrevistarme, pero no me interesaba someterme al escarnio público. Si hubiera querido ese tipo de atención,